Publicado en: Portafolio

Por: Hernán Cadavid. Expresidente Asociación Exalumnos del London School of Economics. 

La ciudad tiene un desorden o ‘nudo’ logístico no solo apretado, sino cada vez más ciego.

Durante este año 2019, los puertos de Buenaventura han movilizado casi una tercera parte de la carga de comercio exterior del país. Esto convierte a esta zona portuaria como la más importante en movilización de carga de importación y exportación.

Desafortunadamente, en vez de ser un lugar donde convergen varias redes de transporte, lo que técnicamente se denomina como un nodo logístico, se convierte en un desorden o ‘nudo’ logístico. Mientras más se estiran las dificultades en sus extremos, la red logística y los temas sociales, más apretado queda.

En esta zona del país hay tres puertos: Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura (SPRB) constituida en 1993, Terminal de Contenedores de Buenaventura (TCBuen) entró en operación en el 2014 con una inversión de 238 millones de dólares; y, Aguadulce entró en operación en el 2016 con una inversión inicial de 650 millones de dólares.

Detrás de estos grandes proyectos e inversiones en infraestructura portuaria se esconden problemas estructurales que impiden la competitividad del país. Estos son logísticos y sociales.

Sobre los problemas logísticos hay varias situaciones que se deben resolver. Por un lado la infraestructura, la doble calzada Buga-Buenaventura de 117 kilómetros ha sido entregada parcialmente pero presenta hundimientos y taludes que generan constantes cierres en la vía. Y por otro lado está la inseguridad, las bandas de delincuentes tienen azotado este tramo en puntos como Medicanoa, Puentetierra, y los Tubos, entre otros, que obliga a que el transporte de carga tenga que incurrir en costos adicionales, además de restringir los tiempos de recorrido para transitar en horarios de menor riesgo.

Los problemas logísticos se acentúan en la medida en que se mira a Buenaventura. Las vías periféricas, parqueaderos, patios de contenedores y accesos a los puertos son muy limitadas, generando múltiples cuellos de botella.

En el otro extremo del nudo, están los problemas sociales. Es importante recordar el paro cívico de mediados del 2017 que tuvo una duración de 21 días, bloqueó el comercio exterior por estos puertos. Los bonaverenses reclamaban salud, educación, seguridad, obras, servicio de acueducto y alcantarillado. También denunciaron corrupción y despilfarro de recursos públicos. Fueron reclamos lógicos y justos a problemas históricos de la ciudad.

Sin embargo, mucho tiempo después se agravan los problemas sociales. Recientemente los medios han registrado balaceras en las comunas 3, 9, 11 y 12, asesinatos y personas descuartizadas, lo cual hacía recordar las famosas casas de pique. Y también han registrado casos de corrupción como el Lamborghini de la hija del jefe de control de carga de la Dian en el puerto, Ómar Ambuila.

Hay un gran contraste, por un lado, grandes inversiones portuarias, y por otro lado inmensos problemas logísticos y sociales. Buenaventura tiene un desorden o ‘nudo’ logístico no solo apretado, sino cada vez más ciego.

Los nodos logísticos tienen como características ser puntos donde convergen varias redes de transportes como terrestre, férreo, marítimo, fluvial o aéreo. También deben ser puntos donde converge infraestructura y sistemas de información para optimizar la logística. Estos nodos deben ser grandes estrellas donde brilla la conectividad, eficiencia y sostenibilidad.

Buenaventura está lejos de esta visión. No se ve la luz, parece más un agujero negro que una estrella.

SEPTIEMBRE 01 DE 2019

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