El año 2018 cierra con expectativas y da paso a un 2019 con imperativos de ejecución en temas que en el transporte de carga y su logística están sobre diagnosticados y por lo tanto requieren materializarse en acciones.

Las relaciones economías exigen de un norte en cuya base están los costos operativos, que deben ser ciertos y ajustados a la realidad del mercado, lo que requiere revisar los componentes de subsidios y sobrecostos que cargan la fórmula de los combustibles, ajustar la tasa y número de peajes; y así restablecer el maltrecho esquema de regulación de precios de la Libertad vigilada que se construyó con los actores de la cadena de suministro del transporte para intervenir excepcionalmente solo en el caso que se presenten fallas de mercado, y hacer de los costos operativos un parámetro de referencia, de lo contrario será imposible hacer del nuestro un país competitivo pues el transporte es un articulador del comercio como lo demuestran las recientes cifras de la Encuesta Nacional Logística en la que el costo logístico como porcentaje de las ventas es del 13,5%, y de este el transporte representa el 35,2%.

La recuperación económica del país es una buena noticia, en especial para un sector que como el nuestro constituye el termómetro de la economía, lo que se evidencia con el incremento en el primer semestre, del 2,36% en las toneladas movilizadas -de 68,21 a 69,82 millones de toneladas-, y de la facturación que aumentó en el 2,14%; no obstante si las relacionamos, presentan una reducción del 0,22%, lo que significa una depresión en los fletes  del 14,5% comparados con los del año 2013; esto se explica por el incremento exorbitante del 3,23% en los costos operativos del transporte, que casi igualan la inflación.

En lo macro se urgente encaminarnos a diversificar la base productiva para equilibrar el déficit de la balanza comercial, acorde con el programa del gobierno: “Diversificar los socios comerciales y la oferta exportable”.

Por lo que estamos convencidos que el transporte de carga y su logística requiere cambios urgentes a la luz del diagnóstico y las soluciones conocidas, algunas en proceso de implementación como el esquema de equilibrio oferta demanda de servicio y equipos, corregir las malas practicas comerciales de condiciones “leonimas y predatorias” que imponen quienes demandan sus servicios, la disminución de los tiempos de cargues y descargues que en promedio nacional ascienden a 13,2 horas por lo que generan el mayor porcentaje de “costos ocultos”.

Todo esto demanda el actuar con celeridad porque las dinámicas del mercado y del comercio no dan tregua ni permiten esperar la muerte lenta de la industria del transporte cuando la podemos evitar; basta mencionar que a la fecha más del 10% de las empresas del sector -306 empresas de TTAC-, trasiegan por la Ley de reestructuración e insolvencia empresarial lo que muestra el síntoma de la enfermedad.

No se trata ni quiere la acción invasiva de lo público, aunque sí, en lo que corresponde a la fijación de reglas mínimas cumplibles para todos y cada uno de los sujetos de la cadena de suministro, -empresas habilitadas, remitentes y operadores de los vehículos-, pues se trata de contribuir a la competitividad del país a partir de un sector que es esencial para logarla.

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